Estudiar un semestre en una universidad extranjera ha sido su gran sueño en estos últimos 3 años.
Curiosamente, cuando hace un par de meses llegó el momento de la verdad, empecé a ver una realidad distinta. Lo único que tenían que hacer estos nativos digitales era subir los programas de estudio que quieren cursar a una plataforma informática; es decir, tenían que guardar un archivo en una página web.
Pensé que sería un proceso fácil dado su interés y su edad. Se los expliqué con unos meses de antelación y no hubo dudas ni preguntas. Sin embargo, unos meses después, solo una alumna había subido los programas. Otros alumnos me los habían mandado por correo electrónico. Les respondí que el proceso oficial exigía subirlos a la página web.
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Meses después seguía sin haber programas de estudios en la página. Me empecé a preocupar. ¿Habría algún error informático? ¿Estaría mal el sitio web?
Compartí esta preocupación con algunos colaboradores y empezamos a hacer pruebas. Todo funcionaba a la perfección.
Pasaron los meses y seguía sin haber actividad por parte de los alumnos. La página web continuaba vacía. Yo estaba cada vez más preocupada por su inexplicable falta de interés. Si seguían así, no iban a poder irse fuera por no aportar la documentación necesaria en los plazos requeridos.
Preocupada, le pregunté otra vez a la alumna que sí había subido los documentos ¿Qué había pasado? Su respuesta me dejó sin palabras. Seguían teniendo interés. El problema era otro: no sabían cómo usar la página web.
Estos nativos digitales, incapaces de pasar un par de horas sin sus smartphones, entraban en la página y se sentían asustados. Aunque la página es muy intuitiva, ellos se perdían y abandonaban.